martes, 20 de diciembre de 2011

MAMÁ GRANDE CUMPLE 100 AÑOS



Parecía que nunca ocurriría pero por fin llegó el gran día. Mamá Grande se había empezado a poner nerviosa unos días antes. Y no era para menos. Cien años, según su punto de vista -y según todos los puntos de vista-, eran muchos años.

Había criado a 6 hijos y viajado incesantemente por varios países en busca de libertad y de tranquilidad. También criado a algún nieto e incluso a un biznieto, pero todo eso había pasado hace tiempo. Eso sí, no tanto tiempo como el que transcurrió desde que dejó su país de origen al que nunca regresó. Sin embargo su pensamiento todavía fluía en idioma alemán, con algunos pespuntes e hilvanes de español. En eso, y en más cosas que se negaba a traslucir públicamente, meditaba silenciosa ante la llegada del gran acontecimiento.




Mamá Grande veía con el alma. Sus ojos habían perdido nitidez, pero era gracias a su alma  como reconocía a las personas que se le acercaban. Y acertaba. Porque su alma era un alma de poeta, de gran mujer. Nunca chismosa, siempre acogedora y paciente, inteligente y gran conversadora, a pesar –o tal vez debido- a su edad.  Curiosa y poeta. Sí, eso creo que ya lo he dicho antes. Y su ser fluía como la música de Vivaldi a la que era tan aficionada.

Y ahora hablaré de su edad. La que iba a cumplir. Punto que parece insignificante en su trayectoria, porque un día sólo es un día. Pero de tanto acercarse el momento de los cien diciembres, Mamá Grande se fue inquietando. Y por tanta inquietud y desasosiego, ocurrió que la tuvieron que ingresar en el Hospital un día antes. Fue por una cuestión insignificante, lo cierto es que su salud era de hierro. Pero se desbarató de madrugada y tuvo que venir la ambulancia y llevarla a urgencias. Afortunadamente, al día siguiente, los médicos consideraron que estaba ya suficientemente bien para darle el alta.

Con ello descalabró algunos planes de celebración que su familia tenía preparados. Ya se sabe: una foto, una tarta, unos regalos, unos besos. Seguro que algo ha tenido después de la siesta, después de que la ambulancia matutina la regresara a su hogar.

Yo misma no he podido felicitarla hoy, en su gran día. Aunque sí lo hice ayer. Y desde aquí le envío un enorme beso y cien tironcillos de orejas, con el mismo cariño que pondré en la tarta que, en cuanto se ponga buena del todo, le voy a cocinar.


¡ FELICIDADES CHRISTEL !

3 comentarios:

Mª Pilar dijo...

Pues Felicidades para Christel tambien.

Podía ser de tu familia, pues las de Salas murieron con 101 años tia Concha
108 Celia
y 99 Sofia, como verás muy longevas

Felices Fiestas querida Cris para ti y tus niñas con tu madre hablaré

Un beso

Tia Pili

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

Muy bonita y tierna la historia y felices fiestas. Me encanta la foto del cuadro y me gusta mucho más, claro está, este bonito desenlace de mamá grande y su regreso al hogar. Saludos

Cristina García-Rosales dijo...

Gracias a los dos por vuestras palabras. Mamá grande es como de la familia, pero también es una metáfora, un sueño, una persona de carne y hueso e -incluso- un mito. Sólo os puedo decir que cien años son muchos años pero pueden llegar a ser pocos cuando se tiene ilusión y la cabeza lúcida como ella la tiene. ¡Un abrazo!