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domingo, 28 de febrero de 2016

ARQUITECTURA MADRILEÑA DESCONOCIDA IX. LA BIBLIOTECA IVÁN DE VARGAS



Es una biblioteca pública de corte sencillo que pasa desapercibida -a pesar de su decidida apuesta por la modernidad-, dentro de un área tradicional de Madrid: el Barrio de los Austrias. O La Latina, como también se le llama. Está en la calle San Justo, detrás de la Plaza de la Villa y de la Calle Mayor, enfrente de la Nunciatura y de la Iglesia barroca de San Miguel. 


Ahí se encuentra este espacio, contenedor de palabras, necesario para los madrileños que habitan en el centro, aún desconocido para casi todos. Lleva el nombre de un antiguo edificio de viviendas de principios del siglo XVII, ubicado en tiempos en el mismo solar: la Casa de los Vargas. El linaje de los Vargas es uno de los de más solera de Madrid.

La entrada está en la calle de San Justo, por la que se accede a la recepción y a la escalera, fundamental dentro del espacio, igual que los dos patios, por los que entra, sin límites, la luz. Dos magnolios desafiantes se encuentran en su interior, así como el brocal de un pozo, objeto de peregrinación en los años 50, al creer que sus aguas eran milagrosas. No hay que olvidar que los Vargas fueron los patrones de San Isidro.

 


El interior es funcional, blanco, luminoso y está completamente tecnificado, algo imprescindible en una biblioteca de nuestros días. Son, nada menos que 2.800 m2 de superficie.

Por la escalera, ascendiendo, se llega a los despachos. En la planta baja, la gran biblioteca y la sala de lectura con 200 puestos de estudio y unos 40.000 volúmenes.

 
El exterior tiene dos partes diferenciadas: una, la fachada del antiguo palacio que se ha mantenido, con sus huecos y con sus escudos. Y la otra, la fachada actual, integrada en el histórico entorno gracias  su sencillez y respeto al ambiente arquitectónico tradicional.


Los materiales son piedra granítica en el exterior, madera de siroco y vidrio.

La Biblioteca Iván de Vargas es la primera que incorpora una sección especializada sobre Madrid, lo que permite conocer e investigar la historia, las tradiciones, el urbanismo o la gastronomía de la región.


Fue inaugurada en el año 2011, financiada por el Ayuntamiento y diseñada por el estudio de arquitectura de Ramón Andrada.



Es un edificio que merece la pena conocer, dentro del bullicio de la gran ciudad. Y si es posible, quedarse unas horas, ensimismados en la lectura -gracias la paz que se respira- y tener la posibilidad de profundizar en la magnífica colección de libros para saber algo de esta ciudad a la que amamos, pero desconocemos muchos de sus secretos.

jueves, 5 de junio de 2014

Mapeo Emocional


La ciudad híbrida y contemporánea, -aquella en la que habitamos más de un 50 % de la población mundial-, tiene cada día más en cuenta la nuevas tecnologías, tanto para incidir en su diseño como para la practicidad de la vida cotidiana. Entonces, yo me pregunto ¿dónde quedan las emociones? ¿por qué no incluirlas en el mapeo de la ciudad para que faciliten nuestras relaciones y, por ende, nuestra felicidad?



Entiendo por mapeo, el dibujo en un plano de las distintas actividades / rutas / paradas / puntos de encuentro / itinerarios / temperaturas / peligros / etc. que ayuden al ciudadano a desplazarse, relacionarse, orientarse, asistir a reuniones, manifestaciones o espectáculos, saber donde se realizan, escoger el camino más directo o más fácil, encontrar rutas alternativas o de bicis, conocer horarios y medios de transporte, saber el tiempo que está haciendo en distintas áreas o la concentración de la polución.  Y tantas otras cosas.

Si por medio de un helicóptero, por ejemplo, se mapea la circulación rodada en una hora punta y una zona determinada, transmitiéndose instantáneamente mediante una aplicación, a los móviles de los conductores, esto les puede ayudar a buscar el camino más adecuado o con menos tráfico. Y podrán llegar antes a su casa.

De la misma manera se pueden realizar distintos mapas por diferentes personas, mapas, que al superponerlos uno sobre otro produzcan nodos o puntos (en los cruces de las redes), señalando así zonas de peligro, de concentración de vehículos, de accidentes o de lo que la imaginación dé de sí.


Mi imaginación y mi memoria no olvidan la sostenibilidad afectiva, un término que tiene que ver con la planificación urbana humanista  y que tiene en cuenta, para el diseño de las ciudades, los afectos entre las personas.


En el planeamiento urbano las redes afectivas son tan necesarias como lo son otros parámetros.


Volviendo al mapeo, propongo una experiencia. Que los que quieran, punteen en un plano de una ciudad (pongamos que hablo de Madrid), 10 lugares donde hayan sido felices a lo largo de su vida. Una vez punteados se unirán los círculos por medio de unas líneas que los relacionen. Yo empiezo.

Superponiendo los mapas, podremos ver zonas más felices y otras, menos. Una vez que tengamos los mapas, habría que estudiar el por qué de esos espacios felices. Y esto nos dará pautas para seguir avanzando. 

¿Quién continúa?




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