viernes, 23 de julio de 2010

UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD

A veces cojo una novela- en este caso del cuarto vacío de mi hija viajando por Perú- para distraerme de la rutina del día o de la complicada, aunque apasionante, dedicación creativa sea del tipo que sea (creo que vivir equivale a crear). 

Empaparse de lo que llamamos buena literatura te permite vagar por mundos distintos de los conocidos y permite también que la realidad y la imaginación se confundan. Empaparse de palabras, cuando la novela merece la pena, no tiene comparación con la absorción de cualquier otro arte; la imaginación se desborda, puedes parar cuando quieras y continuar cuando te viene en gana, emocionarte, enfadarte, hacer una larga pausa o incluso compaginarla con otros textos y escritos que vienen esperando pacientemente en tu mesita de noche.


Paul Auster es un escritor apasionante. Sus novelas, con un ejemplar uso del lenguaje, enganchan desde el primer momento, supongo que por su fluida prosa y por los recursos con los que va conduciendo al lector hasta hacerle cómplice de la historia. Suele escribir relatos “de andar por casa”, con situaciones con las que cualquiera se puede identificar que es en definitiva lo que nos hace seguir leyendo. Pero además juega con el azar, como un prestidigitador juega con su sombrero y conejo. El azar, que condiciona gran parte lo que somos,  lo que no somos, y lo que hubiéramos sido si no fuera por una decisión a veces aleatoria, tomada al conocer a alguien o al toparnos con algo inesperado que nos hace cambiar el rumbo e introducirnos en otros mundos paralelos, de los que desconocemos -o desconocíamos- su existencia.

P. Auster juega con esa duplicidad de la realidad como un científico minucioso lo hace diseccionando una mariposa y en este caso la segunda historia o mariposa la va recreando un abuelo en sus noches de insomnio para no dar vueltas a la moviola-memoria de su vida. Viviendo sin gran esperanza, pasa los días viendo películas en DVD con su nieta, e imaginando una narración de un individuo que aparece en otra dimensión  -en la que EEUU  se encuentra en guerra civil- pasa las noches. Y son los propios protagonistas de esta guerra los que saben que la única posibilidad de detener muertes y desgracias es eliminar al abuelo que las está creando, insomne en su cama.



Literatura dentro de literatura, mundos duplicados, historias que atrapan, el “hombre invisible” nos engaña con su invisibilidad inmerso en la oscuridad, pero consigue estar más cercano que nuestra propia almohada, más real y visible que el vecino que nos encontramos sin palabras en el ascensor y mucho más prometedor que algunas de esas bazofias que se anuncian como literatura y mejor habría que dárselas a comer a los chanchitos...

1 comentario:

Mario dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Paul Auster apasiona... y respecto a tu texto anterior no puedes tener más razón: ¡qué pocas veces nos desayunamos todos los días para celebrar la vida!

Me encantan estas dos entradas, en su conjunto...

Un abrazo.