viernes, 30 de noviembre de 2012

UN DIOS NO IRRESPONSABLE. CABALLERO BONALD PREMIO CERVANTES

FANNY RUBIO

El poeta, novelista y ensayista José Manuel Caballero Bonald ya es un clásico vivo, y es justo que lo felicitemos una vez más desde este faro, pero no solamente porque le haya sido reconocida esta labor con uno de los premios mayores, el “Cervantes”, fallado ayer, que ha merecido largamente en el tiempo y la convocatoria, sino por haber dado constancia, día a día, de una exigencia estética poco común en nuestras letras, siempre fundida con la impronta moral.
La larga trayectoria de este poeta niño de la guerra, que sumara su voz al grupo poético del “mediosiglo”, esculpiendo verbalmente su concepto de belleza (“música” y “matemática”) unido a una mirada sagazmente crítica con su tiempo, lo ha señalado como maestro excepcional. Fruto de este trabajo (digo “trabajo” y no “suerte” ni “azar”, ni “genio” inexplicable) han sido sus impecables libros de poemas desde el primerizo “Las adivinaciones” hasta el maduro “Descrédito del héroe”, o las impecables construcciones narrativas  “Dos días de septiembre”, “Ágata ojo de gato”, premio de la Crítica, “Toda la noche oyeron pasar pájaros”, “En la casa del padre” y “Campo de Agramante”.
Los estamentos españoles que todavía ordenan implacablemente el paso de los escritores por las distintas pasarelas convencionales, han aguardado tiempo y tiempo hasta dar su brazo a torcer, al fin, al tener que reconocer que ya iba siendo hora de que a un escritor magistral nunca domesticado, a quien se fue negando sucesivamente la Academia, tenía que ser distinguido en la edad madura ante sus contemporáneos. No haberlo hecho, habría situado una vez más a nuestro país en la picota del desdén por sus mejores hijos, una vez más, como ha sucedido en tantas ocasiones.
Exiliado interior y tenazmente crítico, sin conformarse con lo que su vida interior y sus sueños le deparaban, Caballero Bonald no ha renunciado nunca a levantar el espejo ante lo real injusto. El resultado no siempre tenía el viento a favor. Su talante unamuniano, unido al instinto juanramoniano, lo ha llevado por laderas inhóspitas no siempre aceptadas por sus colegas de la pluma,( la vanidad es libre), tal vez porque Caballero Bonald guardaba tenazmente la esmeralda de quien está tocado por un dios creador no irresponsable.
Mientras tantos autores publicitaban en tiempos recientes cosquillas para televidentes aburridos a lo largo de veinte años de espectáculo fomentado por la burbuja literaria, que también la ha habido y aún existe, cuya deuda mora subsiguiente hemos de pagar a largo plazo,  Caballero Bonald ha ido a la contra pensando lo que escribe, y esa forma de ser y de crear es otra manera de fijar de nuevo ese arroyuelo murmurante que se estremece cada mañana sobre el diamante de la palabra sabia.
 
 

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