lunes, 12 de diciembre de 2011

Cierta elite del poder utiliza para sus fines la estrategia del shock. Noemi Klein: El auge del capitalismo del desastre


Después de leer “La doctrina del Shock” de la escritora canadiense Naomi Klein, si no se ha fenecido en el intento por sus 600 páginas (que se leen por cierto en un pis-pas a pesar del horror), o por el terrible desgarro al conocer la verdad de la historia reciente… Después de leer, como digo, detenidamente este libro indispensable, nos daremos cuenta de dos cosas importantes: 1) Ya no hay vuelta atrás 2) Va a existir un antes y un después de su lectura, límite que siempre separa el conocimiento de la ignorancia.


Naomi K. explica inicialmente, y para situarnos en lo que vendrá a continuación, la existencia de “la doctrina del shock”, investigada y puesta en funcionamiento por el psiquiatra norteamericano Cameron allá por los años 45 del siglo pasado. Este doctor creía que privando de estímulos sensoriales (vista, oído, referencias, tacto) a sus pacientes y sometiéndolos luego a sesiones de electroshock, los enfermos lograrían borrar de sus mentes aquello que les aprisionaba y podrían volver a ser personas normales. La experiencia demostró que todo ello les sumía en un estado de regresión infantil y de indefensión generalizada. Una vez probadas estas técnicas en sus cuerpos y en sus almas, convertidos en piltrafas humanas, no quedaba claro -sin embargo- que su mente fuera una tabla rasa.



La cuestión es que estas “terapias” han sido llevadas a cabo como terribles torturas en diferentes países del mundo. Desde Argentina a Chile, desde Irak a Guantánamo. Todas con el denominador común de SOMETER a individuos que se rebelan, para quitar de en medio aquella “raíz” supuestamente subversiva, o incluso a veces, como experimentación por ver lo que daban de sí. Podemos imaginarnos el horror aunque no siempre lograban los resultados perseguidos, especialmente en individuos fuertes que ya conocían estas técnicas. Por ejemplo en Irak, los resultados supusieron algunas veces mayor fiereza y capacidad de lucha contra el sistema que les oprimía en época post-bélica. No así en otros lugares.



Pero además “el shock”, según explica con todo lujo de detalles N.K. (y es su gran aportación), se ha convertido en una técnica política-económica-invasora utilizada en algunas ocasiones por los Estados Unidos (a través de su industria político-militar) avalada e incentivada por los economistas neoliberales seguidores de Milton Friedman - llamados los Chicago Boys-, por las  facciones más duras de las elites de poder y por organismos tan importantes como son el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, para intervenir en determinados países en reciente estado de shock, intentando con ello apropiarse de las industrias estatales (petróleo, electricidad, agua, minas, etc) y repartirlas entre las multinacionales, una vez privatizadas.
 
Estas intervenciones están precedidas, según dice dice N.K, de un gran shock  (por ejemplo de una  enorme crisis económica, de un desastre natural como un tsunami o de una inundación, o incluso de una guerra). Y ese shock es lo que hace que el país en cuestión cuente con una gran indefensión y una necesidad urgente de ser “ayudado” al precio que sea. Cuando sus habitantes, ante la magnitud de la tragedia, se ven vulnerables por la desaparición de sus referencias primarias, son proclives a aceptar cualquier cosa que se les proponga. Así se  permiten recortes masivos de sus derechos básicos (gratuidad de la educación o de la sanidad o de una vivienda digna), despidos masivos o destrucción de su estado “de bienestar”, a cambio de obtener ayudas que garanticen su deuda -en caso de crisis económica- que ha de ser en parte asumida y luego devuelta a los organismos citados, así como de otros dineros para reconstruir el país, en caso de guerras o de catástrofes naturales.



En esas circunstancias los individuos que se trasladan para “ayudar”, representando a empresas multinacionales, rompen el pacto social existente y se apropian de las empresas estatales las que compran a precio de saldo, dado que en ese momento la excusa es la urgencia en conseguir dinero para paliar la gran indefensión del país ante el terror de lo que está sucediendo.


A lo largo de este interesante e indispensable libro, la autora nos va sumergiendo en ejemplos dónde y cómo lo anterior se ha puesto en práctica. ¡Y de qué manera! Así en Chile, después del golpe militar de Pinochet y del asesinato de Allende, donde expone las intervenciones que allí se produjeron, de índole empresarial privatizador, además de las terriblee torturas y desapariciones para “extirpar el cáncer social-demócrata”. Nos introduce en la Argentina de los militares con similares características, para pasar a la privatización del capitalismo del desastre (tal como ella lo llama) en la desmembración de la Unión Soviética o en la reciente transformación capitalista de China, con sus propias características y peculiaridades. No olvidemos el “rescate” de Polonia, o los de los países llamados los “Tigres del Sureste Asiático”, e incluso en Sri Lanka después del tsunami, o del intento de apropiación de Irak una vez acabada la intervención militar falsamente avalada por la supuesta existencia en ese país de “armas de destrucción masiva”.  Sin podernos perder, aunque se nos parta el alma, las inundaciones producidas por el tifón Katrina en Nueva Orleans en 2005, donde se produjo un hecho similar de shock dentro del mismo EEUU. Rescate, ayuda y asistencia de lujo para los ricos, aprovechamiento de la situación para erradicar a los más desfavorecidos e implantación de industrias y  residencias privadas para albergar a los más pudientes.



Como resumen: La terapia del shock es un revulsivo utilizado por ciertas elites malignas del poder (algunos de los inmensamente ricos que gobiernan el mundo y que conforman aproximadamente un 1% de la población mundial según Paul Krugman, Premio Nóbel de Economía) para apropiarse y privatizar las empresas públicas de los distintos países del mundo y acabar con el estado de servicios. Su codicia es insaciable y su falta de respeto por las personas y sus derechos humanos es incuestionable. Son unos perfectos inmorales (Ver el capítulo II  de nuestro libro “Palabras para Indignados”, que se puede bajar gratuitamente en este blog).


Ahora están pretendiendo hacer lo mismo en la Vieja Europa, pero tal como apunta N.K. en su último capitulo de este libro necesario, “el shock se gasta”. Los ciudadanos cada vez somos más conscientes de las aberraciones de nuestros políticos, siervos de esa elite, y de las extorsiones y chantajes a los que estamos sometidos. Y no permitiremos, gracias a nuestra información, conocimiento y repulsa a lo que está pasando, que nuestro mundo y nuestros logros sociales se volatilicen como humo entre los dedos.


Para ello recomiendo vivamente leer el libro citado de Naomi Klein. Es necesario que estemos informados y que denunciemos con valentía los hechos


1 comentario:

Mario dijo...

Pues tras leerte esta mañana y tras comentarte ahora, sólo acierto a decirte que, como siempre, has sido un placer. Lo que escribes sobre lo que nos toca sufrir y vivir... o algo así. Y sí, seguiré tu recomendación y me apunto el libro citado de Naomi K.

Un abrazo prenavideño...

Mario